La preocupación por el funcionamiento de las Administraciones Públicas se ha extendido con rapidez en el conjunto de sociedades occidentales a lo largo de la última década. La administración pública burocrática, dominada por principios tales como la jerarquía, la uniformidad, la impersonalidad o el formalismo, entre otros, ha sido censurada por su incapacidad de respuesta a las diversas demandas de nuestra sociedad, de una dinámica y un pluralismo que exigen respuestas rápidas, sencillas y en constante evolución.